martes, 16 de marzo de 2010

Viaje

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(tercera parte)
La isla estaba muy cerca y no llevo mucho tiempo llegar hasta ella. Era pequeña y llena de rocas, grandes rocas y sin una sola planta. Bajé de la lancha y comencé a buscar la cueva donde debería estar el dios del agua. Tarde mas en encontrarla que al dios. Apenas entre a la cueva y ya lo podía ver, con forma humana y una belleza angelical, que hasta el mas duro de los humanos caería ante sus pies suplicándole y rogándole que lo aceptara en su corazón. Con todo respeto me fui acercando a el, o ella, lo que haya sido, quería estar cerca de este dios. Me veía con sus ojos azules turquesa fijamente, con suma tranquilidad en su rostro, levanto su mano con dirección ami y con una especie de telepatía me dijo: “tu sangre”. Enseguida supe para qué era aquel cuchillo que me dieron los ancianos. Lo saque de mi pequeña bolsa y sin parecer agresivo, por miedo de alterar al dios, me hice una incisión en la palma de mi mano derecha. El dios se balanceó hacia mi con gran sutileza, y comenzó a beber de esta herida, su lengua jugueteaba en mi palma y me hacia sentir un placer que jamás había experimentado.
Mi mundo se envolvió en oscuridad nuevamente pero no por mucho tiempo. Seguía en la isla. No tenia fuerzas pero mi cuerpo se levanto rápidamente del suelo y fue hacia la lancha, en un segundo ya estaba devuelta en el pueblo. Los ancianos esperaban mi llegada fuera de su casa, con grandes sonrisas en su rostro. Baje (eso creo) de la lancha y me acerque a ellos. Mi boca empezó a moverse. -Regrese, y es tiempo de recuperar las tierras perdidas. -Así es, mi señor.-dijo uno de los ancianos-.
Algo andaba mal y lo supe porque yo no podía hablar ni moverme a libertad. El dios había tomado mi cuerpo sin permiso, o tal vez yo se lo di sin ninguna restricción.
Mi cuerpo saco un palo de lluvia que se encontraba en mi espalda, su espalda mas bien dicho, y lo agito para emitir ese sonido de “lluvia”.
El cielo se lleno de nubes negras dispuestas de descargar su furia, no en el pueblo si no es la ciudad. La lluvia comenzó a caer, y no solo lluvia sino truenos, relámpagos y un fuerte viento. Esta tormenta arrazo con toda la cuidad hasta que las casas quedaron desechas y no quedaba ni un solo humano vivo. Mi cuerpo se soltó en carcajadas y los ancianos junto con el. Festejando la caída de aquellos que habían violado a la naturaleza y deterioraban este bello mar. Yo solo llegue para hacer justicia o ser utilizado.


Sueño de: Candelario Arcega Ramirez.
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sábado, 6 de marzo de 2010

VIAJE

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(segunda parte)
Sumergido en la oscuridad, en mis pensamientos, me pude dar cuenta de donde me encontraba. Estaba tendido en el suelo, dentro de una choza, que sin duda se encontraba en el pueblo. Tome fuerzas y abrí los ojos, la habitación estaba llena de luz natural, sin muebles, sin nada, solo yo. Me levante y decidí salir y efectivamente me encontraba en el pueblo, lleno de agua, el mar a la vista y dos ancianos observándome.
Esos dos, los más importantes en todo mi viaje, ellos me enseñaron a vivir en este lugar lleno de agua, sin nada más que hacer que pescar. Aprendí rápido todas las actividades, pescar, andar en bote, nadar mejor que antes, aprendí a cocinar mariscos, me enseñaron ciertas técnicas de lucha y aprendí a adorar a sus dioses.
Cuando alcancé cierta edad que para ellos ya era un grado de madurez aprobatorio, me dijeron porque yo era importante en su pueblo. Según dijeron yo era la persona que formaría un vinculo con el dios del agua, y usaría ese poder para ayudar al pueblo que era mi nuevo hogar. Me dieron la fecha en que partiría hacia una isla donde se encontraba el dios del agua, mientras llegaba ese día, debería aprender unas cosas mas, como, cual es la forma de dirigirse a un dios, que no se debe hacer, que se debe hacer, como debo de entrar, que postura debo tener, entre otras cosas. Una semana entera me llevaría aprender todo esto y estaría listo para emprender un viaje dentro de mi gran viaje.
El tiempo fue suficiente para poder aprender todo lo que se debía. En el gran día, los ancianos hicieron un ritual, donde se finalizaba mi aprendizaje. Me dieron ropas apropiadas para el viaje, una lancha donde debía de hacerlo, varios objetos que entregaría al dios y un cuchillo que según lo necesitaría.

Continuara...
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