(tercera parte)
La isla estaba muy cerca y no llevo mucho tiempo llegar hasta ella. Era pequeña y llena de rocas, grandes rocas y sin una sola planta. Bajé de la lancha y comencé a buscar la cueva donde debería estar el dios del agua. Tarde mas en encontrarla que al dios. Apenas entre a la cueva y ya lo podía ver, con forma humana y una belleza angelical, que hasta el mas duro de los humanos caería ante sus pies suplicándole y rogándole que lo aceptara en su corazón. Con todo respeto me fui acercando a el, o ella, lo que haya sido, quería estar cerca de este dios. Me veía con sus ojos azules turquesa fijamente, con suma tranquilidad en su rostro, levanto su mano con dirección ami y con una especie de telepatía me dijo: “tu sangre”. Enseguida supe para qué era aquel cuchillo que me dieron los ancianos. Lo saque de mi pequeña bolsa y sin parecer agresivo, por miedo de alterar al dios, me hice una incisión en la palma de mi mano derecha. El dios se balanceó hacia mi con gran sutileza, y comenzó a beber de esta herida, su lengua jugueteaba en mi palma y me hacia sentir un placer que jamás había experimentado.
Mi mundo se envolvió en oscuridad nuevamente pero no por mucho tiempo. Seguía en la isla. No tenia fuerzas pero mi cuerpo se levanto rápidamente del suelo y fue hacia la lancha, en un segundo ya estaba devuelta en el pueblo. Los ancianos esperaban mi llegada fuera de su casa, con grandes sonrisas en su rostro. Baje (eso creo) de la lancha y me acerque a ellos. Mi boca empezó a moverse. -Regrese, y es tiempo de recuperar las tierras perdidas. -Así es, mi señor.-dijo uno de los ancianos-.
Algo andaba mal y lo supe porque yo no podía hablar ni moverme a libertad. El dios había tomado mi cuerpo sin permiso, o tal vez yo se lo di sin ninguna restricción.
Mi cuerpo saco un palo de lluvia que se encontraba en mi espalda, su espalda mas bien dicho, y lo agito para emitir ese sonido de “lluvia”.
El cielo se lleno de nubes negras dispuestas de descargar su furia, no en el pueblo si no es la ciudad. La lluvia comenzó a caer, y no solo lluvia sino truenos, relámpagos y un fuerte viento. Esta tormenta arrazo con toda la cuidad hasta que las casas quedaron desechas y no quedaba ni un solo humano vivo. Mi cuerpo se soltó en carcajadas y los ancianos junto con el. Festejando la caída de aquellos que habían violado a la naturaleza y deterioraban este bello mar. Yo solo llegue para hacer justicia o ser utilizado.
Sueño de: Candelario Arcega Ramirez.
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Al fin :) lo terminaste y ya no me dejaste en suspenso :P, haha, sabes me gusto tu sueño, algo extraño, diria yo, pero pues ske lo soñaste tu ;P haha gran sueño :P bueno bye
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